Adaptarse o perecer. Lo que hay detrás del enojo contra Ibai.

  Se dió un suceso particular en los últimos días relacionado a aquellos que ejercen la comunicación como profesión o trabajo. Palabras más palabras menos, la disputa gira en torno a las nuevas formas de comunicar.

  El periodista deportivo argentino Gustavo Lopez, al aire en su programa de radio, hizo un descargo relacionado con la actualidad del popular streamer español Ibai Llanos y su facilidad para acceder a grandes figuras del fútbol europeo, como Marcos Dybala, Gerard Piqué o el Kún Agüero. Más allá de las formas y la propia construcción de su discurso altanero, lleno de chicanas y con poca información real salvo su evidente frustración (cualquier parecido con el resto del periodismo deportivo argentino no es para nada una coincidencia), deja entrever a sus espaldas la profunda crisis que están sufriendo los medios de comunicación tradicionales, con gran énfasis en la televisión.

  Ya desde hace una década y potenciado por el contexto de pandemia, el antes hobby de transmitir juegos es cada vez más similar a una profesión de oficio. Hay ejemplos de quienes reconocieron esto de antemano: Wilyrex, elRubius, Auronplay e incluso el propio Ibai. Todos jóvenes que vieron nacer un nuevo mercado para explotar y lo supieron aprovechar, al punto de tener como patrocinadores a grandes marcas de bebidas energéticas, tecnología y conformar contratos con franquicias de eSports. Los que hasta hace poco más de 15 años jugaban para otros y perdían el tiempo, hoy son grandes personalidades de la cultura internacional, al punto de (en los cuatro casos antes mencionados y en muchos más) ser conocidos hasta por personas que no suelen consumir ese tipo de entretenimiento.

  Pero entonces ¿Qué tiene que ver el encontronazo entre Gustavo Lopez e Ibai con la crisis en la televisión? La relación se da al analizar las audiencias. La era digital, las plataformas como Netflix o Disney+, el auge de los eSports y la consolidación del streamer como un trabajo, han sabido captar a las audiencias de la nueva generación y aquellos que buscaban cierta frescura y originalidad que la televisión perdió hace rato. La pandemia, y me disculpo por ser repetitivo, no hizo más que acelerar el proceso de transición de muchos consumidores a plataformas y medios digitales. A su vez, el sistema de monetización mediante micropagos y donaciones, se convierte en un arma de doble filo con ambos cañones apuntando al corazón de los dinosaurios de la TV. Ya que no se requiere tener una estructura económica que permita cierta previsibilidad para ser streamer y se puede vivir tranquilamente a partir de las donaciones que puedan hacer los usuarios. Generar una base de seguidores que permita cierto caudal de capital se vuelve el punto de inflexión. Esta nueva forma de monetizar contenido es cada vez más utilizada por comediantes y actores, quienes fueron afectados gravemente por el encierro masivo.

  El fastidio y enojo de Gustavo Lopez es un síntoma de algo mucho mayor. El periodismo clásico, de hombres en traje y mujeres en largos vestidos de gala; de divanes, sillones y escritorios se encuentra en jaque, sin dama y con su rey arrinconado. Lo que antes sumaba para un periodista (podemos llamarlo reputación, nombre, carrera, contactos) es hoy reemplazado por carisma, buena onda y, por supuesto, la cantidad de seguidores en redes sociales. Si antes el buen periodista era el que traía primero la información, hoy tiene mayor valor la forma de comunicar y tratar la información. Sin embargo, no nos engañemos, aquel que está en lo más alto, ya sea Dybala, Agüero o Messi, siempre eligió a quién dar entrevistas.

  Poco a poco, aunque cada vez más rápido, la televisión tradicional va quedando relegada ante estos nuevos personajes y formas de comunicar. Y, aunque probablemente no se extinga, no dejará de perder usuarios y terminará más temprano que tarde por ser otro medio más que adopte la digitalización total.

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